Mecanismos Neurobiológicos del Refuerzo Negativo en el Trastorno por uso de sustancias

En la práctica clínica, es común escuchar que el consumo es una cuestión de “fuerza de voluntad”. Sin embargo, la evidencia en neurociencias nos muestra que los Trastornos por Consumo de Sustancias (TUS) implican una reconfiguración de circuitos cerebrales específicos que van mucho más allá de la simple búsqueda de placer.

Al inicio, el consumo suele estar mediado por el refuerzo positivo (la búsqueda de gratificación). Pero en la cronicidad, el cerebro realiza una adaptación homeostática fallida. El protagonismo se desplaza hacia la amígdala extendida.

En esta fase, el motor del consumo no es el placer, sino el refuerzo negativo: el paciente consume para aliviar un estado afectivo de profundo malestar, mediado por la hiperactividad del factor liberador de corticotropina (CRF). Es lo que técnicamente llamamos el “lado oscuro” de la adicción.

Un punto clave para entender la pérdida de autonomía es la claudicación de la corteza prefrontal. Esta zona, encargada de “frenar” los impulsos, se vuelve hipofuncional. Esto explica por qué, aunque el paciente sepa racionalmente que el consumo le hace daño, su sistema de control no logra ejecutar esa orden.

Finalmente, la desregulación de la DMN (Default Mode Network) provoca que el pensamiento del paciente quede “atrapado” en un ciclo de rumiación constante sobre la sustancia. Entender que estamos ante una patología de redes y sistemas de estrés nos permite abordar el tratamiento con herramientas más precisas, dejando de lado prejuicios morales para centrarnos en la restauración de la funcionalidad cerebral.

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